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La leyenda de los súper pollos hormonales

Por años, te han llegado historias sobre las formas truculentas que tiene la industria para hacer crecer a las aves. Aquí, esos mitos caerán por su propio peso (¿supergallo?)

Por Montserrat Bustos

Mito urbano # 1: los pollos son inyectados con hormonas para producir piernas y pechugas carnositas. Mito urbano # 2: los signos de pubertad precoz en niñas y niños son consecuencia directa del consumo frecuente de este pollo tratado químicamente. Podemos continuar con la lista de las creencias que la desinformación ha generado en torno a la producción avícola, pero lo que más nos interesa en estas páginas es clavar una estaca en esas ideas.

Mentira desplumada

¿A los pollos se les suministra hormonas? Si estuviéramos en la década de los 50 la respuesta sería: tal vez. Al rascar en las posibles raíces de la creencia, descubrimos un hallazgo clínico que lo puede explicar. Durante esos años algunos criadores europeos optaron por usar un estrógeno sintético llamado dietilestilbestrol (DES, por sus siglas en inglés) a fin de que los pollos macho aumentaran de peso y su carne fuera más suave. Esta alternativa a la castración quirúrgica dio origen a un caso aislado de ginecomastia (desarrollo temprano de las glándulas mamarias). El desafortunado hecho costó desde entonces la prohibición del uso de hormonas en la industria avícola en Europa y Estados Unidos, destaca información publicada por el Centro de Empresas Procesadoras Avícolas de Argentina.

Pilar Castañeda, consejera del Instituto Nacional Avícola y miembro del Centro de Enseñanza, Investigación y Extensión de Producción Avícola de la UNAM, opina que este falso rumor pudo haber surgido de un hecho concreto en Italia: “En la década de 1970, se comercializó un producto para bebés elaborado a base de carne de res. Las reses se habían criado con implantes hormonales y con una sustancia prohibida en Europa y América. Aunado a esto, los animales no cumplieron su ‘tiempo de retiro’ (periodo de al menos 15 días de descanso para evitar la acumulación de residuos en la carne)”. Todo indica que los niños que consumieron este alimento presentaron caracteres sexuales precoces, y tras quedar comprobada la relación con dichos productos, se retiraron del mercado. A partir de este caso se piensa de manera errónea que toda la carne animal se le introducen hormonas para hacerla más grande y vender más.

Lo diremos pronto: en la industria avícola esto no sucede, porque simplemente no lo requiere. Otro factor que fomenta este mito, de acuerdo con Castañeda, son los médicos pediatras, pues la mayoría carecen de información sobre la producción pecuaria en nuestro país y en el mundo y transmiten a las amas de casa la idea de que al pollo se les engorda con hormonas. Esta creencia es comparable con otra de la industria alimentaria, que también afecta a la producción aviar. “La mayoría cree que a las gallinas se le obliga a poner muchos huevos, ya sea a través de medios físicos o del suministro de hormonas, y que gracias a esto se garantiza una producción abundante. Es falso: el método no serviría para agilizar su producción y, además, las aves son muy susceptibles y se estresan con facilidad ante cualquier estimulo externo como el clima, la falta de luz, el ruido o una granizada, la comida… Cualquiera de esos factores puede causar una baja en la producción de huevo”, explica la especialista.

Esta condición tan frágil de las aves descarta cualquier posibilidad de manipularlas para aplicarles hormonas u otra sustancia. En realidad, los veterinarios están obligados a brindar las máximas condiciones de confort para mantener una producción estable de huevo. Por otra parte, no se puede negar que los pollos de engorda que se crían en la actualidad crecen más rápido y de ellos se obtiene carne más tierna, pero eso se logra sin recurrir a las hormonas. Más bien, se trata de la labor de una triple alianza: mejoramiento genético-buena alimentación-medidas de bioseguridad.

Lo que permite el paraíso aviar

Entonces, ¿por qué las piezas de pollo que ves en el mostrador de las aves lucen frescas y de buen tamaño? La respuesta de la industria avícola se divide en tres:

Selección genética

Consiste en cruzar aves ‘campeonas’ con características dominantes para que prevalezcan en la descendencia los genes con ciertas cualidades como desarrollo acelerado, baja mortalidad o conversión de carne (aprovechamiento los nutrientes para transformarlos en músculo). “El mejoramiento genético permite que el ciclo de la producción de pollo se haya acortado entre siete y ocho semanas desde que el pollito entra al criadero hasta que sale al mercado (antes tardaba 11 semanas)”, detalla Octavio Carranza de Mendoza, médico veterinario y director general de Inocuidad Agroalimentaria, Acuícola y Pesquera del Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica).

Manejo alimentario

Las aves ingieren alimentos balanceados, raciones a base de sorgo es decir raciones a base de sorgo, maíz o soya que incluye vitaminas, minerales, aminoácidos y antioxidantes. Por sugerencia veterinaria se les puede agregar cierto tipo de antibiótico, por ejemplo, cuando hay una reacción posvacunal o para prevenir infecciones derivadas de la carga bacteriana normal de los pollos. Por lo general, este medicamento se aplica a una edad muy temprana (tercera semana de vida), lo que permite que durante el resto de su desarrollo deseche cualquier residuo de su organismo antes de que su carne se procese y esté lista para salir al mercado.

Bioseguridad

A medida en la que se ha perfeccionado la industria avícola, los pollitos se vuelven más susceptibles a enfermedades infecciosas y parasitarias, por lo que se requiere de una estricta vigilancia higiénica en el proceso de producción que incluye un aislamiento del suelo, ventilación y cantidad adecuada de comedores y bebederos. “En este sentido la Sagarpa y Senasica llevan acabo campañas en todas las granjas del país para monitorear la salud de las parvadas y otorgan el certificado TIF (Tipo de Inspección Federal) a las plantas que cumplen con inspecciones permanentes de médicos y veterinarios que verifiquen las condiciones del rastro y el estado en el que llegan las aves a él, incluso las inspecciones continúan en los puntos de venta de la carne para verificar su calidad”, puntualiza Carranza.

Pero, ¿comemos buen pollo?

Desde el punto de vista sanitario, la carne que proviene de rastros certificados es buena carne. “Son aves sanas, bien alimentadas que fueron sacrificadas bajo los mejores estándares de seguridad e higiene; a su vez, el personal involucrado en el proceso cumple con una serie de normas estrictas desde el sacrificio y empacado hasta el transporte, lo cual garantiza que la carne sea inocua“, explica Josefina C. Morales de León, especialista en Ciencia y Tecnología de los alimentos del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán y consejera del Instituto Nacional Avícola. Sin embargo, el pollo que se vende a granel tiene más riesgo de contaminación debido a un mal manejo durante el transporte y en el punto de venta; la mayoría de las veces está expuesto al aire libre o enhielado con un hielo que probablemente no cumple con normas sanitarias.

En el renglón del aporte nutricio, Covadonga Torre-Marina, investigadora de la Escuela de Administración de Instituciones de la Universidad Panamericana y consejera del Instituto Nacional Avícola, indica que la carne de pollo es una fuente de proteína de excelente calidad, ya que contiene todos los aminoácidos indispensables (compuestos orgánicos básicas que forman las proteínas y que el organismo no puede producir) con la ventaja de un bajo aporte energético. Además, el contenido de hidratos de carbono es bajo, por lo que es un alimento con bajo índice glicémico (no provoca picos en los niveles de concentración de glucosa en sangre). Esta cualidad, aunada a su bajo contenido en grasa saturada y a que la grasa se encuentra casi completamente asociada a la piel (puede removerse fácilmente) lo hace un alimento esencial para una dieta saludable.

¿Y qué ocurre con el “pollo orgánico”, una opción de mercado cada vez más frecuente? En rigor, conserva la misma composición nutrimental y es tan inocuo como el pollo “no orgánico”. “La diferencia es que los pollos orgánicos consumieron alimento sin fertilizantes y libres de sustancias químicas; sin embargo, este pollo procesa el alimento de la misma forma en que lo hace el convencional. Otra característica es que su costo es más elevado, ya que para su producción se requiere más mano de obra”, apunta Octavio Carranza.

No es difícil ver porque los mexicanos amamos el pollo. Es de precio accesible, es fácil de preparar y es nutritivo. Somos el cuarto productor mundial, sólo detrás de Estados Unidos, China y Brasil. Cerca de tres millones de toneladas de carne de pollo son procesadas al año en nuestro país, y más de 2.5 millones de toneladas de huevo son consumidos anualmente, lo cual lo hace una de las fuentes de alimentación más grandes para todos los mexicanos.
Lo mejor de todo es que podemos sentirnos tranquilos con nuestras pechugas con mole o tacos dorados. Producir pollo con métodos o sustancias que pongan en riesgo nuestra salud sería, para la industria, pegarse un tiro en el pie.

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Pollzila es fantasía

Pensar que los pollos tienen hormonas añadidas es absurdo. He aquí las razones.
Derribar un mito urbano no es sencillo, sobre todo si hemos recibido esa información desde que tenemos memoria a través de medios de comunicación, pláticas de sobremesa con nuestra mamá o viniendo de un médico durante alguna consulta. Sin embargo, el Instituto Nacional Avícola presenta fundamentos para defender al pollo de esta lista de creencias:

1 Es ilegal
Hay normas oficiales mexicanas que prohíben el uso de hormonas y ciertas sustancias químicas en los alimentos para animales.

2 Los tiempos “no alcanzan”
Toma en cuenta que el ciclo de un pollo de engorda es de 49 días, por tanto, esto hace imposible que una hormona tenga efecto ya que se necesitarían entre 60 a 100 días después de su aplicación para observar un incremento en el aumento en la cantidad de carne. Sería absurdo suministrar una sustancia con la que los avicultores no alcanzarían a obtener el efecto deseado.

3 Sería una enorme proeza
Las hormonas de crecimiento son proteínas, por lo que si éstas se consumen de manera oral a través del alimento serían rápidamente digeridas de la misma forma en que lo son las proteínas de la soya o el maíz. Aun cuando hubiera algún efecto positivo, necesitarían ser inyectadas por vía intravenosa a cientos de miles de aves todos los días. Llevar a cabo esto resulta un escenario logístico imposible.

4 Saldría más caro el caldo…
Las hormonas de crecimiento para aves no se producen, ya que su costo sería extremadamente alto. En el caso de que se administrara un miligramo a cada pollo de engorda el costo sería tan alto que superaría el precio mismo del ave, lo cual no tendría ningún sentido desde el punto de vista comercial.

5 Contraproducente
La selección genética permite que los pollos de engorda vivan al límite de su potencial fisiológico, por lo que en ocasiones es recomendable restringir su alimentación a fin de reducir la velocidad de su crecimiento. Si reciben un estímulo hormonal extra para acelerar su desarrollo, aumentaría su mortalidad.

6 Tendrían que ir al gimnasio…
El empleo de esteroides anabólicos para aumentar la masa muscular en los pollos es inútil. Para que tengan efecto, las aves tendrían que estar sometidas a un entrenamiento físico (como los atletas que utilizan estas sustancias). Los pollos no han volado en los últimos miles de años, lo que significa que la ausencia de ejercicio cancela cualquier beneficio de estas sustancias.

7 No son necesarias
Es muy fácil explicar el rápido crecimiento de los pollos sin tener que recurrir a las hormonas. El reto para los productores avícolas es proveer alimento de alta calidad (proteínas, vitaminas, minerales, etc.) y un ambiente saludable para alcanzar el prodigioso potencial genético de los pollos. El crecimiento rápido de estas aves modernas es una consecuencia lógica de pequeñas mejoras de la genética, nutrición, manejo y control de enfermedades. Las hormonas simplemente no son necesarias.

Fuente: Revista del Consumidor, Profeco.

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